
Teotihuacán recibió el domingo con música electrónica. Black Coffee, el dj sudafricano, reunió a cientos de personas al amanecer en el sitio arqueológico. La gente bailaba en comunidad, tocada por los primeros rayos del sol, al ritmo de afro house mientras coloridos globos aerostáticos volaban alrededor. Era una postal turística envidiable que quedó hecha trizas apenas unas horas más tarde, cuando Julio César Jasso, un hombre de 27 años, sometió a un grupo de turistas de la zona





